lunes, 14 de marzo de 2011

...Miedo de que ignores todos mis movimientos

Viviendo tan lejos, nos hicimos viejos
y el tiempo castiga, cruel y malvado,
nuestro amor eterno.

Escribiendo tanto, ninguna respuesta
el buzón vacío, maldita sea,
te creía muerta.

Sólo escribía, no quise llamarte,
por temor quizás a no encontrarte,
o lo que es peor, a no equivocarme.

Resultaba extraño pensé en lo mejor:
te pudiste haber cansado, aunque yo no.
De algún modo comprendía que no fue,
ni es, para toda la vida.

Y ahora reapareces metida entre líneas,
y con pequeñeces curas todas, todas mis heridas.
Siempre has sido y serás bienvenida,
viajo hasta ti y me sirves de huida.
Tengo la esperanza de vernos y abrazarnos un día.

Pero de momento no quiero lamentos,
no quiero montañas de mis sentimientos.
Tengo tanto, tengo tanto miedo de que ignores todos mis movimientos.

Queda despedirme y que quieras oírme,
no me queda nada pero antes de irme,
me queda decirte, lo mucho que te quiero...

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